Los lirios del Carrascal

Los lirios del Carrascal

lirios En el pequeño santuario de la Font Roja, a unos 1000m. De altitud y en la parte umbrosa del Monte Carrascal de Alcoy, se asienta la bella tradición de la Virgen de los Lirios.

Se despereza lentamente la aurora en la lejana mañana del día 21 de agosto de 1653. El pavorde Guerau ha dejado dormidos en una pequeña choza a sus compañeros de excursión, y disfruta de la soledad y del imponente silencio del lugar. Su espíritu está, sin embargo, turbado por un suceso del que fue testigo hace escasos días en Játiva. Había ido allí a predicar con motivo de la Asunción. Su amigo y anfitrión el doctor Borrell, le comentaba la misma mañana del 15 acerca de un cartel que han pegado en la plaza del Seo. En él que se dice que la Virgen fue concebida con pecado original.

El hecho entristece al sacerdote y le induce a cambiar de tema en el sermón que traía preparado. Guerau se emplea a fondo en defensa de la limpieza original de María. Tiene una extraordinaria cultura y gran elocuencia. Utiliza en su empeño un poético argumento. La Virgen María había de ser coronada como concebida sin pecado original, y la mejor forma para significar esto era que su tránsito de este mundo se produjera en agosto, por designio del Señor. El adagio antiguo dice: 'Es propio de las azucenas morir a causa del sol en agosto; la azucena simboliza a María concebida sin mancha original'.

Mientras contempla la frondosa vegetación de pinos y carrascas y el casi imperceptible murmullo de la fuente cercana llega a sus oídos, Guerau va rememorando los sucesos de ese día y la víspera. Comentaba todo esto, anoche, con sus compañeros de excursión. Estaban apaciblemente sentados a la entrada de la choza, reponiéndose de las cuatro horas de caminata desde Alcoy. Les contaba cómo había glosado en el sermón unos versos del versículo 2 del Cantar de los Cantares: 'Como lirio entre espinas, así es mi amada entre las hijas'.

Se restregó los ojos, por más que estaba seguro de estar bien despierto. ¿No era aquello un lirio que había brotado entre un arisón de espinos? En este momento oye un ruido a sus espaldas. Es el cura de Confrides, que también participa en la excursión. 'Mira que cosa más extraordinaria', le dice mientras señala el lirio. El cura de Confrides le hace notar que, un poco más a la izquierda, hay otro lirio en iguales circunstancias. Y se acerca a él con cuidado y lo arranca. Mientras siguen comentando la extraña coincidencia, limpia el de Confrides el bulbo y descubre un hecho mirífico.¡Debajo de una capa terrosa está perfectamente dibujada la imagen de la Purísima concepción! Se quedan todos como petrificados, y Guerau se abalanza sobre el lirio que él había descubierto y realiza la misma operación.

Entrada principal al santuario
Santuario de la Font Roja

¡También allí aparece dibujada la Virgen! Llaman a los demás, y todos coinciden en que se trata de la imagen de la Inmaculada Concepción, incluido un labrador que acierta a pasar por allí. La noticia se extiende por Alcoy rápidamente nada más llegar Guerau y sus acompañantes.

Pasan 10 años antes de que se edifique en el lugar el pequeño santuario de la Font Rotja, dedicado a la Virgen de los Lirios. A finales de agosto del año siguiente, esto es 1664, Guerau está de nuevo en el Carrascal. Contempla silencioso la imagen y, siguiendo un súbito impulso, pide a la Virgen u nuevo lirio con su imagen. A la salida del santuario, el prodigio se repite: ¡Un nuevo bulbo con la imagen de la Virgen! Guerau ha callado hasta entonces las autoridades eclesiásticas, pero no lo va ha hacer esta vez.

Marcha a Valencia y expone ante el obispo todos lo hechos. Ha muerto el cura de Confrides y su testimonio se echa de menos, pero el obispo acepta la declaración de Guerau. Era el primer paso para la solemne proclamación del dogma por Pío IX, y a Alcoy le correspondía la gloria de haberlo dado.